29 había vuelto a ir a la cama con él. Yo, no salía de mi asombro. Su respuesta me dejó aún más perpleja: “A las mujeres -usó el nosotros mayestático para eludir su responsabilidad. Típico de las damiselas de diadema floja o inmaduras y nada empoderadas-, nos gusta que nos abran la portezuela del coche”. Tengo que contar que, el hombre, en cuestión, era rico y con super cochazo (un auto espléndido y caro). No le importaba ‘rebajarse’ si con ello lograba que la siguiese sacando a pasear y llevando a sitios caros. ¿Cómo se le llama a la mujer que procede así? Pues, eso. Mujeres empeñadas en ser ‘irresponsables’ y agarradas a su rol de víctimas, las he tenido a raudales. A algunas logré inculcarlas el amor por sí mismas. Dado que nadie nos hace nada que no le consintamos, no puedo enseñar autoestima y responsabilidad a quien no le da la gana. Tuve, en consulta, a una mujer empresaria de éxito en España. Estaba relacionada con un hombre mujeriego que la humillaba con otras mujeres, al que pagaba ‘un sueldo’ por un puesto ficticio en su empresa así como pagaba a la persona que limpiaba en casa de la madre de él. ¿Por qué procedía así? Según ella por amor. Un tipo de amor que yo, según ella, era incapaz de entender. En verdad, ella se despidió de mi con un ‘no tienes ni idea de lo que es el amor, eres muy fría’. Procedía así porque nunca superó (no había ido a terapia para superarlo), que su padre no la valorase. Y, con sesenta años, todo lo que hizo como ‘terapia’ fue comprarse un descapotable y así fingirse a sí misma que se valoraba. Seguía con él porque, así le demostraba al mundo que, a pesar de todas las infidelidades y burradas, él seguía/la prefería a ella respecto de las otras. A mi modo de ver, era una ‘lógica’ infernal. Él no la prefería a ella. No. Simplemente, seguía con ella porque, sin importar lo que la humillase o vejase emocionalmente (me ahorraré detalles), ella seguía con él como si nada de eso existiese. No logré enseñarla a valorarse. Se da el caso de mujeres, a las que, no se puede salvar de sí mismas. Porque, lo cierto es que, es una misma, la única que puede salvarse. La clave no está en el maestro, sino en el alumno. Hay demasiada literatura que, directa o indirectamente, normalizan conductas disfuncionales o un amor tóxico lo presentan como ‘sano’. Asimismo, el ‘mainstream’, está empeñado (ya lo expliqué anteriormente), en que las mujeres sigan yendo de ‘víctimas por la vida’, porque vende mucho, es un gran negocio para mucha gente. Yo, personalmente, soy lo suficientemente madura como para tener criterio propio y asumir las consecuencias de ello. Desde muy pequeña supe cuidar de mí. He tenido por madre y abuelas a mujeres fuera de serie. En mi casa no sabemos lo que es el machismo: los hombres son metroemocionales, buenas personas o almas buenas. Obviamente, que me he equivocado, pero no he persistido en el error. En su lugar, he replegado velas, asumido las consecuencias y me ido con mi corona a seguir mi vida. Te animo a que, no sólo te pongas la corona y no te la quites ni para dormir o para parecer menos alta que le caballero de armadura oxidada que te ronda, sino que practiques que eres lo mejor que te ha pasado. Una mujer no es más exitosa ni más fracasada porque tenga o carezca de pareja o de amante. Tampoco, tener hijos quita ni pone valor. Ninguna mujer debería hacer depender o ligar su valía, lo valiosa que es, a cuestiones externas, sean éstas las que sean. La valiosidad la da el alma.
RkJQdWJsaXNoZXIy MTUxNjQ2