37 estén ahí. • Desconexión emocional del trabajo. • Irritabilidad o pérdida de motivación. Cuando estas señales se normalizan, el costo comienza a escalar de manera importante: el impacto va más allá de la persona. El burnout no solo afecta a quien lo vive, impacta en su familia, en la calidad de sus decisiones, en su productividad, en el clima laboral… y en la cultura organizacional donde colabora. Un equipo liderado desde el desgaste difícilmente puede sostener un alto desempeño de manera consistente, y enfrentarlo también es liderazgo, aquí es donde cambia la conversación. Superar el burnout no es aguantar más. Es tomar decisiones distintas: • Es buscar apoyo profesional (terapia o acompañamiento especializado) • Es establecer límites claros y sostenibles • Reconectar con el propósito, no solo con los resultados • Priorizar el autocuidado como parte de la estrategia, no como un lujo Los cambios que realicen en favor de la salud mental no es debilidad. Es inteligencia emocional aplicada al liderazgo. La resiliencia en una cualidad tan valiosa en muchas mujeres, incluso cuando es difícil reconocerla, sin embargo la han aplicado en momentos difíciles, es ese punto donde el cambio se convierte en destino, no significa seguir igual y en las mismas circunstancias a pesar del desgaste. Significa evolucionar, ajustar la forma en que se lidera, se trabaja y se vive… sin perder la esencia, pero sí dejando atrás lo que te ha llevado al límite. Hoy más que nunca, el verdadero liderazgo no se mide solo por resultados, también se mide por la capacidad de sostenerlo, sin perderse en el proceso. Recuérdalo siempre, cuidarte no es un lujo. Es una decisión estratégica.
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