31 Conmemorar es recordar de dónde venimos, pero también asumir hacia dónde vamos. El 8 de marzo debe impulsarnos a actuar el resto del año: en nuestras decisiones, en nuestras empresas, en nuestras familias y en nuestras políticas públicas. Les comparto datos actualizados y relevantes en salud, liderazgo y tecnología, basados en informes de la ONU, el Foro Económico Mundial (WEF), McKinsey y otras fuentes internacionales: Hoy, según el último informe del Foro Económico Mundial, el mundo ha cerrado apenas el 68.8 % de la brecha de género. A este ritmo, necesitaremos más de 120 años para lograr la igualdad total. Es decir, no la veremos ni nuestras hijas… ni nuestras nietas. En salud, las mujeres representan cerca del 67 % de la fuerza laboral sanitaria a nivel mundial, según datos de la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, menos del 25 % ocupa puestos de liderazgo en el sector. Somos mayoría cuidando… pero minoría decidiendo. En el ámbito corporativo, el estudio Women in the Workplace de McKinsey & Company revela que, aunque las mujeres somos casi la mitad de la fuerza laboral, solo alrededor del 29 % llega a posiciones de alta dirección (C-Suite). Y por cada 100 hombres promovidos a gerente, solo 93 mujeres lo logran. Esa pequeña diferencia, acumulada año tras año, se convierte en una gran brecha en la cima. En tecnología, el desafío es aún mayor. De acuerdo con datos respaldados por ONU Mujeres, las mujeres representan apenas cerca del 30 % en áreas STEM a nivel global. Y en inteligencia artificial, el porcentaje es todavía menor. En un mundo donde el futuro se escribe en código, las mujeres no pueden quedarse fuera. Y aquí está lo más importante: Cerrar estas brechas no es solo un tema de justicia social. Es un tema de desarrollo económico, de competitividad y de paz social. Diversos análisis del Foro Económico Mundial y de McKinsey & Company coinciden en algo: Si aceleramos la participación femenina en liderazgo, tecnología y economía, el crecimiento global se multiplica. La igualdad no es un favor para las mujeres. Es una estrategia inteligente para el progreso de los países. Y la pregunta no es si debemos cerrar la brecha. La pregunta es: ¿qué estamos haciendo hoy para no tardarnos otros 120 años?” Porque la igualdad no es una concesión. Es un derecho. Y construirla es una responsabilidad compartida.
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