3 Julio nos invita a reflexionar sobre dos fechas que, aunque parecen distintas, comparten una misma realidad: el valor de las mujeres en la construcción de la sociedad. El 11 de julio conmemoramos el Día Mundial de la Población. El 22 de julio, el Día Internacional del Trabajo Doméstico. Y entre ambas fechas existe un vínculo profundo: las mujeres. Porque cuando hablamos de población no hablamos únicamente de cifras. Hablamos de vidas, de familias, de oportunidades y de los desafíos que enfrentamos para construir sociedades más justas e igualitarias. Hoy vivimos en un mundo que supera los ocho mil millones de habitantes. Sin embargo, el crecimiento poblacional no siempre ha significado crecimiento en oportunidades. Millones de mujeres continúan enfrentando barreras para acceder a la salud, a la educación, al empleo digno y a una vida libre de violencia. Pero además existe una realidad que durante mucho tiempo permaneció invisible: el trabajo de cuidados. Ese trabajo que comienza antes de que amanezca y muchas veces termina cuando todos los demás descansan. El trabajo de quien prepara alimentos, cuida a los hijos, acompaña a los adultos mayores, organiza la vida familiar, atiende emergencias, resuelve problemas y sostiene emocionalmente a quienes la rodean. Un trabajo indispensable para el funcionamiento de cualquier sociedad y que, paradójicamente, pocas veces recibe reconocimiento. Durante décadas se consideró que cuidar era una obligación natural de las mujeres. Se asumió que formar, alimentar, acompañar y sostener era simplemente parte de su papel dentro de la familia. Sin embargo, cada vez resulta más evidente que cuidar es un trabajo, que tiene valor y que genera bienestar social y económico. Por eso hablar de igualdad implica también hablar de corresponsabilidad. Implica entender que el hogar es responsabilidad de todos quienes lo habitan. Implica reconocer que el tiempo de las mujeres tiene valor. Que sus sueños importan. Que sus proyectos merecen espacio. Que su bienestar no debe ser el precio que pagan por cuidar a los demás. La verdadera transformación social no ocurrirá únicamente en los congresos o en las instituciones. Comienza en casa. En la manera en que educamos a nuestros hijos. En cómo distribuimos las responsabilidades. En el respeto que damos al tiempo y al trabajo de cada integrante de la familia. Julio nos recuerda que detrás de cada comunidad fuerte, de cada familia que sale adelante y de cada generación que crece, hay mujeres aportando tiempo, energía, inteligencia, amor y compromiso. Comparte esta revista electrónica para que muchas más mujeres también se beneficien. Sylvia Sánchez Alcántara Coordinadora Retos Femeninos Carta editorial Para estar actualizada regístrate en: www.retosfemeninos.com Coordinadora Editorial Sylvia Sánchez Alcántara Diseño Roberto Vásquez Lucas Fotografía Nadine Markova Banco fotográfico Número 138 Julio, 2026
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