27 instalase en su núcleo emocional, y a partir de ahí empezaron los ‘problemas’. Si a esto se añaden las consignas negativas, las riñas, críticas y castigos por comportamientos en contra de la ‘voluntad’ o no del gusto de los padres y/o educadores, con el tiempo, todo ello se transforma en una fuerza que destruye la auto estima y provoca el olvido de que uno es valioso per se y digno de ser amado sin tener que hacer nada para merecerlo. Asimismo, todo este despropósito redunda en la generación de tristeza, amargura, insatisfacción psicoespiritual, vacío emocional... En definitiva, todo ello desemboca en un círculo vicioso del que es posible salir pero del que, no todo el mundo está dispuesto a pagar el precio de la salida, que no es otro que dejar de ir de víctima por la vida y estar dispuesto a volver al amor de uno mismo. La ‘victimitis aguditis’ es territorio conocido al que se aferra quien la practica o ‘adolece’. No es fácil deshacerse del amuermamiento (la mayoría lo llama ‘zona de confort’). No, no lo es puesto que se ha estructurado y consolidado en base a creencias, costumbres, conductas, hábitos e incluso valores (Robert Dilts ©: Niveles Neurológicos del ser). Un ‘edificio’ muy bien armado el cual debe ser demolido si queremos darnos la oportunidad de practicar ‘el ser lo mejor que me ha pasado’ al asumir las riendas de la vida propia. Cuando los esfuerzos, inconscientemente, se dedican a ‘reforzar’ esta suerte de castillo que nos defienda y proteja de las inclemencias de la vida (esa y no otra, es la ‘intención positiva’, la ganancia), la demolición del castillo no es tarea baladí. Lo ‘malo conocido’ suele ser mejor que lo ‘bueno por conocer’ porque es territorio conocido y sabemos dónde refugiarnos y qué ‘armas’ usar, metafóricamente hablando, en función de lo que ‘afuera’ suceda. Las personas que se amargan la vida, aquellas a las que la culpa y la creencia de que ‘no tienen remedio’ o ‘no son valiosos’ envenena el alma, no saben cómo salir de su laberinto o puede que, incluso ignoren que lo estén: han normalizado lo anormal. Algunas, por si esto no fuera poco, se han fabricado la creencia (negativa y/o ‘espantativa’) de que ‘no tienen remedio’, o de que’ ya es tarde/ soy demasiado mayor’. En verdad, se trata de una coartada con la que convencerse a sí mismas de que, el victimismo, las mantiene ‘a salvo’: ¿qué harán? ¿Qué será de ellos si dejan de sentirse víctimas, si mandan la culpabilidad al reino de ‘nunca jamás’? Asimismo, disimula, que se han amuermado y habituado a ir por la vida agarradas a la estrategia de ‘salir a perder’ o a la de ‘salir a no ganar’. Quienes practican el victimismo y viven inmersos en su ‘personaje de supervivencia’ quisieran ‘salir’, librarse de esa prisión, empero, alegan no saber ‘cómo’. Cómo van a saber salir si no se hacen preguntas ni se cuestionan su realidad, tan sólo se lamentan. Por consiguiente, cuando se les ofrece un ‘método’ o maneras para librarse de la ‘victimitis aguditis’, suele boicotearse aunque no lo parezca. ¿Cómo? De varias maneras, a saber: • Creando creencias (negativas) que refuercen la convicción de que, para ellos, no existe remedio. • Convenciéndose de que ‘nadie’ les entiende. • Echando las culpas de lo que les acontece al ‘chachachá’. • Quejándose de que todo el mundo se aprovecha de ellos. • No poniendo límites. • No asumiendo responsabilidades. • Negándose a ver la realidad. • Agarrándose a quimeras o a ensoñaciones. • Se relacionan con personas que también están en su mundo de ‘victimización’. • Apuntándose a ‘cursos’ de desarrollo personal sin analizar o valorar la calidad, la idoneidad, la utilidad… • Revictimizándose… Al que sufre de ‘victimitis aguditis’ hay que ofrecerle comprensión a la para que animarle a hacerse responsable de los resultados no deseados. Quejarse nunca soluciona nada, cuando queremos lograr un cambio hay que hacer algo, pero ese ‘algo’ debe empezar por hacer un buen análisis de la situación, estar dispuesto a ver qué es lo que hacemos que no funciona y deberíamos dejar de hacer y qué deberíamos incorporar. A continuación, hay que pasar a la práctica que, siempre viene acompañada, del ‘ensayo-error-ensayo-acierto’. La vida no es fácil para nadie, muy al contrario, es compleja y complicada para todos nosotros. Lo que la hace más llevadera o más ‘fácil’ no es la suerte sino la actitud con la que se abordan los acontecimientos y todas las variables. La responsabilidad es algo consustancial a aquellas personas que fluyen, que no se quedan atrapadas en culpas ni en acusaciones, que no practican el amargarse sino el facilitarse la vida. El agradecimiento es el ‘abono’ que le echan todos los días, y a todo, quienes no se amargan la existencia y sí se afanan en facilitarse su existencia.
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