27 duro de nuestra mente, o las que nosotros hemos decidido almacenar para relacionarnos con la aventura del vivir, nos han hecho creer que las pérdidas son negativas, excepto las relativas al exceso de peso corporal o de ‘cosas dañinas’. Mientras que, las ganancias suelen asociarse a ‘bueno’ aunque no todo lo que se gana lo sea, ya que, perfectamente, podemos ganar en problemas, en trastos inútiles o en personas que no nos aportan nada productivo (recordemos el síndrome de Diógenes). • Perder para poder ganar o avanzar No todas las pérdidas son agradables ni fáciles. La pérdida de un ser querido es terrible, sobre todo cuando se trata de un hijo (un duelo del que no nos podemos reponer por más vidas que vivamos), o de alguien de quien no nos hemos podido despedir ni reconfortar en su partida. Perder un trabajo cuando se carecen de ahorros, de otros recursos materiales o de una familia que nos apoye, es durísimo. No tener que darles de comer a los niños, es terrible. Que la vida se convierta en el escenario resultante de una guerra haya mediado o no una guerra literal o un virus infame o un desastre natural, es un tsunami emocional para cualquier persona. La película ‘La vida es bella’ mostró que, toda situación, por dramática que sea, es susceptible de ser reencuadra, dotada de luminosidad (el lado brillante), o ser vista desde el lado bueno. La diferencia la marca la actitud: los perdedores tienen una excusa, los ganadores tienen un plan. Los perdedores agachan la cabeza, se envuelven en la vergüenza como si ellos hubiesen cometido un delito. Simbólicamente se convierten en el fracaso, (cuando, lo cierto es que, una, no es sus resultados), y decretan (creencia) que no hay solución. En cambio, las personas que salen adelante en la vida no se sienten víctimas (la culpabilidad es una forma de victimismo), ni emplean sus energías en lamentarse de su mala suerte, simplemente admiten las circunstancias y se enfocan en idear una solución (usan la rebeldía para no acatar los resultados y la voluntad para propulsarse hacia adelante). Las personas ganadoras retroalimentan su autoestima y autovaloración creyendo en sí mismas, dándose ánimos, pasando del qué dirán, desligándose o disociándose de sus resultados, y centrándose tanto en la solución como en que es posible alcanzar la meta que se han propuesto. • No es fácil ser un ganador, lo fácil es ser una víctima ¿De verdad? En verdad, no se trata de si es fácil o no, sino del ‘coste’ emocional, psicológico y vital que supone el ir de víctima por la vida. Que el sistema inmune esté fuerte o debilitado depende en gran medida de lo que nos damos de comer a nivel psico-emo-espiritual. El amor es el gran curalotodo universal, mientras que el miedo (a veces, más poderoso que el amor), puede llegar a matarnos o a destruirnos. Las pérdidas en la vida pueden ser vistas como “aligeración de equipaje y oportunidad de algo nuevo” en vez de como mala suerte o una desgracia. En PNL, esto se conoce como ‘reencuadre de las situaciones”.
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