39 Lo importante es conservar la certeza de que tú no tuviste nada que ver. Así podrás repetir el mismo conflicto sin correr el riesgo de aprender algo. 2. Conserva el pasado en perfecto estado No permitas que una pelea vieja muera dignamente. Guárdala. Repásala. Actualízala. Cuando aparezca un conflicto nuevo, aprovecha para sacar los expedientes anteriores. El resentimiento necesita mantenimiento. No lo descuides. 3. Lleva una contabilidad impecable de las deudas emocionales Si hiciste un favor, no cometas el error de considerarlo un regalo. Archívalo. Algún día puede servirte. “Después de todo lo que hice por ti…” convierte perfectamente el cariño en factura y la generosidad en préstamo con intereses. 4. Utiliza el silencio y la indiferencia como herramientas de control No digas lo que piensas. Mucho menos lo que sientes. Mientras menos sepan los demás, menos podrán cuestionarte o reclamarte. Si te preguntan qué tienes, responde “nada”. Si quieren hablar, retírate. El silencio es una extraordinaria manera de ejercer control sin decir una sola palabra. 5. Promete con entusiasmo, cumplir será problema de tu yo del futuro Haz compromisos cuando te convenga. Después olvídalos, modifícalos o decide que ya no eran tan importantes. Si alguien tiene la mala costumbre de recordarte lo que dijiste, siempre puedes acusarlo de ser demasiado exigente. La palabra pierde valor después de incumplirla suficientes veces. Ten paciencia. 6. Si ya existe una relación, deja de explicar lo que necesitas Después de tanto tiempo juntos, el otro debería saber perfectamente qué quieres, cómo piensas y qué tiene que hacer para que tú estés bien. No pidas. No expliques. No aclares. Si realmente te conoce, debería adivinarlo. Y cuando no lo haga, decepciónate. Después de todo, ¿de qué sirve tener una relación si todavía tienes que comunicarte? 7. Convéncete de que tú mereces todo Tú mereces atención, comprensión, respeto, paciencia y segundas oportunidades. Los demás, en cambio, tendrán que ganarlos. Mereces comprensión sin comprender, atención sin atender y oportunidades para equivocarte mientras los demás deben hacerlo todo bien a la primera. 8. Apodérate del control universal Tú sabes qué deberían hacer todos. Tu pareja, tus hijos, tus amigos y tu familia vivirían muchísimo mejor si simplemente siguieran tus instrucciones. Si no lo hacen, insiste. Corrige. Persigue. Repite. Después llámalo preocupación. Seamos honestas Probablemente todas hemos utilizado alguna de estas reglas. Hemos culpado, cobrado, callado, controlado o esperado que alguien adivine lo que necesitamos. No necesariamente porque seamos malas personas, sino porque relacionarnos bien requiere algo más difícil que tener razón: requiere conciencia. Las relaciones importantes rara vez se destruyen en un solo día. Muchas se desgastan en pequeñas dosis. Y quizá esa sea también la buena noticia: Si podemos echarlas a perder poco a poco, también podemos empezar a cuidarlas de la misma manera: una palabra, un detalle, una responsabilidad y una elección a la vez. Ingrediente: DUDA La posibilidad de preguntarte: “¿Y si el problema no es solamente el otro?” Afirmación personal Tengo la valentía de cuestionar mis certezas, observar mis acciones y reconocer la parte que me corresponde en cada relación. Escucho con apertura, me permito descubrir otras verdades y elijo cambiar aquello que está en mis manos para construir relaciones más auténticas, recíprocas y conscientes. Frase del mes: “Reconocer tu parte en lo que no funciona es el inicio de una relación sana y honesta.”
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