47 Una emoción habla de una realidad interna que merece ser escuchada. Lo que una persona siente, teme o interpreta tiene una historia y un significado propios, aunque no siempre coincida exactamente con lo que está ocurriendo afuera. Alguien puede sentirse rechazado porque no recibió respuesta a un mensaje. Tal vez hubo rechazo o quizá la otra persona simplemente estaba ocupada. Pero el sentimiento existe. La pregunta interesante no es solamente quién tiene razón, sino: ¿por qué ese silencio dolió tanto?, ¿qué tocó?, ¿qué significado tuvo? La emoción no miente sobre lo que estamos sintiendo. Lo que necesita explorarse es qué nos está queriendo decir. Cuando la emoción sale corriendo Una emoción intensa se parece a un caballo desbocado. Tiene fuerza, impulso y energía. Si se le sueltan las riendas, puede salir corriendo sin dirección y terminar muy lejos de donde se quería llegar. Pero amarrarlo para que nunca se mueva tampoco funciona. La inteligencia emocional consiste en aprender a sostener las riendas. No hay que desconfiar del caballo. Hay que entender por qué se espantó antes de dejarlo salir corriendo. Cuando aparece el enojo, muchas veces llega acompañado de una urgencia: “¡Dile!”, “¡contéstale!”, “¡no te dejes!”, “¡que sepa lo que hizo!” Y se puede confundir reaccionar con ser auténtico. No todo lo que se siente necesita decirse en el momento en que se siente. Procesar una emoción no significa reprimirla. Significa darle tiempo para pasar por la cabeza antes de salir por la boca. El espacio entre sentir y actuar Cada persona vive lo que sucede desde su propia historia, experiencias, expectativas, miedos y deseos. Por eso una reacción emocional también puede convertirse en una oportunidad para conocerse mejor. Antes de soltar las riendas vale la pena preguntarse: ¿Qué estoy sintiendo? ¿Por qué esto me afectó de esta manera? ¿Qué me está diciendo esta emoción? ¿Y qué quiero hacer con lo que siento? Ahí aparece un espacio fundamental: el espacio entre sentir y actuar. No se trata de sentir menos. Tampoco de tragarse lo que duele, justificarlo todo o convertirse en una persona fría. Se trata de aprender a cabalgar las propias emociones. Porque cuando el caballo y el jinete dejan de pelear, pueden avanzar juntos y llegar a donde realmente quieren ir. La emoción puede tener la fuerza del caballo, pero la dirección tiene que seguir siendo tuya. Ingrediente del mes: La contención Contener no es reprimir. Es poder sostener lo que se siente sin tener que descargarlo inmediatamente. Es darle espacio a la emoción para entender qué está diciendo antes de convertirla en palabras, decisiones o acciones. Contener es tomar las riendas sin apagar la fuerza del caballo. Afirmación del mes Reconozco lo que siento y le doy un lugar sin juzgarlo ni esconderlo. Escucho mis emociones porque sé que tienen algo que decirme, pero no permito que el impulso decida por mí. Me doy tiempo para entender qué me está pasando, qué se despertó dentro de mí y cómo quiero responder. Puedo sentir intensamente sin perder mi dirección. Yo sostengo las riendas y elijo hacia dónde quiero ir. Frase del mes “La emoción puede tener la fuerza del caballo, pero la dirección tiene que seguir siendo tuya.”
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