30 De nada sirve saber por ejemplo que unos determinados alimentos nos perjudican, o que nuestras emociones nos hacen enfermar, si no somos capaces de desarrollar unos hábitos coherentes con esos conocimientos. Se trata de dos piezas imprescindibles e inseparables si realmente deseamos generar salud en todo momento. Lo primero que debemos hacer es entender que el cuerpo siempre funciona correctamente. La enfermedad no es más que un estado de equilibrio que nuestro cuerpo busca para adaptarse a los estímulos que recibe. En función de los estímulos que recibe, ese estado será de salud o de enfermedad. Disfrutar de una vida saludable requiere desarrollar hábitos en cuatro ámbitos, que inciden desde puntos de vista distintos, y que todos ellos nos pueden conducir a desarrollar salud o enfermedad: • Elementos físicos. Aquí entra la alimentación (lo que comemos, cómo y cuándo lo comemos), los productos tóxicos, los campos electromagnéticos, el ejercicio, el sol, el descanso, etc. De todos los elementos aquí incluidos, la alimentación es el más relevante. Debemos aprender a comer teniendo presente que el objetivo de la alimentación es generar energía vital. Si somos capaces de generar esa energía de la forma más rápida, y malgastando por el camino la menor cantidad de energía posible, estaremos generando salud. Basta pensar que habitualmente más del 80% de la energía que generamos con los alimentos, se consume en el propio proceso digestivo. ¡Vaya despilfarro! Debemos entender cómo se realiza el proceso digestivo de cada tipo de alimento, y haciéndolo entenderemos que hay alimentos que no debemos juntar entre ellos, e incluso que hay alimentos que no deberíamos tomar nunca, como por ejemplo la leche de vaca. • Elementos emocionales. Tanto la correcta gestión de las emociones cuando se presenta, como la liberación de los bloqueos emocionales que hemos ido almacenando en nuestras células a lo largo de nuestra vida, son factores clave para generar un equilibrio sano en nuestro organismo. Para darnos cuenta de la importancia que realmente tienen las emociones sobre nuestra salud, debemos entender que cada emoción presenta una vibración energética diferente. Las que conocemos como emociones negativas vibran en frecuencias muy bajas, y las positivas en frecuencias elevadas. Cada frecuencia energética impacta sobre nuestro organismo, llegando incluso a modificar físicamente el equilibrio de nuestro ADN. Las emociones negativas inhiben parcialmente nuestro sistema inmunitario, nuestra capacidad de crecer, o incluso nuestra capacidad mental. Nos hacemos literalmente menos inteligentes. Por su parte, los bloqueos emocionales nos llevan a tener un entorno ácido en el lugar del cuerpo donde se ubican, obligando a nuestras células a mutar para buscar el equilibrio en ese punto. Debemos aprender a gestionar correctamente nuestras emociones cuando se presentan. De entrada, nuestras emociones no son ni buenas ni malas. Únicamente nos dan información. Y por otro lado, debemos liberar nuestros bloqueos emocionales, lo cual puede ser fácil y rápido, según las técnicas que se utilicen. • Elementos mentales. Entender el funcionamiento de nuestra mente, con la dualidad que suponen nuestra mente consciente e inconsciente, el papel de nuestras creencias, e incluso el papel que juega nuestro cerebro, es realmente importante para vivir sanos. Nuestra mente inconsciente (o subconsciente. Para mí es lo mismo) es la responsable de nuestros hábitos, y por tanto es la responsable de nuestra salud. Disponer de un conjunto de creencias que estén alineadas con la generación de salud en todo momento, así como con la rápida recuperación de todas nuestras funciones vitales, es fundamental para disfrutar de una vida sana. • Elementos espirituales. La concepción de la vida que tenemos está en el origen de nuestros miedos y apegos. Tener un amplio desarrollo espiritual (no estoy hablando de religión), alineando nuestra vida con las leyes espirituales que nos gobiernan, es fundamental para prescindir de miedos y apegos, alcanzando un estado de fluidez. Ser conscientes de esa realidad mucho más amplia de lo que percibimos a través de nuestros cinco sentidos, nos lleva a trascender la realidad material y a saber interpretar las múltiples señales que recibimos por todas partes, incluido nuestro propio cuerpo. Sabiendo todo esto, ¿qué debemos hacer? Lo primero es asumir que la enfermedad no es una
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