37 queremos permanecer reparando lo que ya está irremediablemente roto, explicando, esperando, intentando una vez más, hasta que otra pregunta incómoda se cuela estruendosamente en tu alma: ¿Estoy luchando por algo que todavía tiene sentido para mí o tengo miedo de aceptar que terminó? Aprender a soltar es detener el paso, quitar el piloto automático, abrir el equipaje y mirar con honestidad qué merece continuar en nuestro viaje, Guy Finley lo expresa con una sencillez poderosa: «No necesitas fuerza para soltar algo, lo que realmente necesitas es comprensión» Y es probable que ahí exista una de las claves más profundas para dejar ir; no siempre tenemos que mostrarnos inquebrantables, se trata de tener coraje para ver tu propia vulnerabilidad en medio de la situación y atreverte a observar con desapego una de las grandes paradojas de la vida, y es el hecho de que podemos seguir anclados por mucho tiempo en lugares que nos duelen solo porque ya conocemos la herida, y terminamos confundiendo permanencia con lealtad, insistencia con valentía y apego con amor. Aunque soltar no es una experiencia reservada para las despedidas amorosas o afectos cercanos, también puede representar, dejar atrás una versión de nosotros, un sueño que cambió de forma, una expectativa que dejó de tener sentido, una situación personal que nos desgasta o hasta un país que seguimos amando desde la distancia. Hay desprendimientos que ocurren sin que los elijamos y otros en los que encontramos el valor para soltar lo que probablemente ya cumplió su propósito, en ambos casos, lo común es la incertidumbre de dejar lo conocido porque lo desconocido asusta, pero en medio de ello hay una verdad absoluta en las palabras de Jorge Bucay: «Si no aprendemos a soltar, si dejamos que el apego pueda más, el dolor crecerá sin parar». Soltar no es olvidar, es continuar la vida con firmeza, dándole permiso al dolor para atravesarnos sin permitir que decida hacia dónde vamos, no es arrancar una página de nuestra vida y fingir que nunca existió, es más bien, aprender a leerla con otros ojos, agradecer lo que nos enseñó y recordar que el perdón ocupa un lugar importante en este proceso. Existen sufrimientos que parecen no tener forma de enmendarse, lazos que nunca recuperan su forma y seres que quizá nunca dimensionen cuánto daño causaron, frente a ello, podemos elegir hacernos responsables de lo que que ya no queremos seguir cargando, lo cual Oprah Winfrey resume en: «¿Quieres tener la razón o quieres tener paz?» Dejar de esperar que el otro comprenda lo que nos hizo daño puede ser el comienzo de la sanación; empezando por recuperar tu valía, dignidad y paz mental, a partir del instante en que decides colocar un punto final. Por ahora, vuelvo a mi taza de café, esta vez para preguntarme: Y ¿Cómo sabemos que ha llegado la hora de soltar? Cuando permanecer exige traicionarnos, cuando llevamos demasiado tiempo pidiéndole al pasado que nos entregue un final diferente, cuando tenemos la osadía de pretender convencer a alguien de nuestro valor y cuando comprendemos que lo que se está sosteniendo ya no es una historia, lo que está en el fondo es el miedo a cerrar el capítulo. Es cierto, las despedidas duelen, no porque las conexiones hayan sido equivocadas, sino porque fueron verdaderas mientras duraron, hay cierres de ciclos que son la manera en que la vida nos obliga a levantar la mirada y eso que llamamos pérdida puede terminar revelándose como protección, preparación o el comienzo de algo que todavía no estábamos listos para recibir, a pesar de ello, con el tiempo entiendes que no todo lo que fue cortado estaba destinado a morir, algunas ramas tenían que caer para que pudieras crecer hacia otra dirección. Te lo dice una mujer que ha vivido, perdido, migrado, observado, internalizado y transformado todo eso en gratitud vestida de resiliencia. Entonces, ¿Para qué soltar? Para dejar de vivir de espaldas a lo que todavía puede suceder, para volver a tener las manos libres, elegirnos sin culpa, recuperar la capacidad de mirar otras puertas abiertas, caminar más ligeros y dejar que el Alfarero nos siga moldeando y esculpiendo como una obra maestra que todavía está tomando forma a través de cada tormenta. Tal vez, ese sea el verdadero arte de soltar, hacerlo con la certeza de avanzar hacia lo que Dios está preparando para nosotros, después de todo, una puerta que se cierra también puede esconder el regalo de una gran bendición. POSDATA: Si estas letras resonaron contigo, te invito a continuar este viaje en Una mujer al otro lado del miedo, mi libro sobre transformación, valentía y crecimiento personal. Disponible en Amazon.
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